Con él, se derrite, se muestra informada, interesadísima.
Hay mucha gente que pierde la vida haciendo lo que hace -trabajadores portuarios, albañiles, prostitutas-, y no creo que los periodistas tengamos más derecho que otros a no perderla.
Por una vez, me parece una frase genial).
Me propuso saltar desde un mangrullo hacia la arena y lo hice con tanto entusiasmo y tantas putita tragando mecos veces que se me rompieron los tacos de las dos botas.
Voy a un cóctel, a una cena, a una fiesta.Después anoté en mujeres maduras buscando hombres en huanuco mi libreta: "Soy hipócrita?Después, una madre y su hija.Un día, el fotógrafo Daniel Mordzinski nos toma a varios de los autores invitados algunas fotos en la muralla.Voy a las fiestas, bebo, bailo.En el desayuno el puton de mi prima me encuentro con una escritora que acaba de llegar.Ella no me mira: mira su teléfono y mastica chicle.Mi entrevista autohumillante y nos reímos como hienas.Lo volvería a hacer).Segura de que me están gastando la broma del siglo, busco la cámara oculta por todas partes, pero se corta la luz en la zona y quedo a oscuras, igual que mi fama inexistente.Me acuesto de madrugada.



Hacemos todo lo que nos pide, sin chistar, y nos pide cosas que no haríamos en ninguna otra situación (Mordzinski me tomó fotos por primera vez en una playa de Portugal, en 2009.
Ilustración de Cartagena con las notas de Leila Guerriero.
Llovía cuando di una conferencia, y llovía cuando, al terminar, un hombre del público me preguntó qué pensaba de los periodistas que pierden la vida haciendo lo que hacen.
Frutos extraños es mi último libro, que contiene cuentos de ciencia-ficción (yo no escribo cuentos y que estoy trabajando en la saga: Frutos secos y Frutos rojos.En un cóctel encuentro., un escritor querido y prestigioso.Ejerzo una hostilidad fantasma (ahora la ves, ahora no la ves y sé que está mal, y no puedo evitarlo.Cuando termina conmigo, le toca.Dice: "Lila Guerreiro, cuéntanos de tu último libro, Frutos extraños".



Pero dije, simplemente, algo que de todos modos es verdad: que me parecía atroz.
(En mayo de este año estuve en un lugar en el que, se supone, el clima es bueno, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, pero llovió todos los días e hizo un frío despótico).
No le digo nada de los niños cantores y salgo al sol atómico de la ciudad.


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