Por favor, metémela en el culo.
Te portaste muy, muy mal.
Dentro había un collar de perro, negro con tachas plateadas, del que colgaba una placa de identificación grabada con mi nombre: putita.
Primeros planos de mi cara, borracha como una cuba.
Me ahogué, empecé a forcejear, a tratar de soltarme.En la despedida de soltera de Marina.Pero claro, él no era Germán.Seguía desnudo, pero tenía el celular en la mano.Tomé aire como pude, escupí saliva por todo el suelo, pero no tuve mucho descanso porque enseguida me agarró del pelo y mujeres solas buscan pareja en quito me volvió a meter la verga en la boca.Pero no podía dejar de hacer nada que me ordenara.De repente, la tortura cesó.Me mostró la pantalla de su celular.



Cuando terminó de agitarse y gemir, abrí la boca y le mostré todo su semen casi rebosando de mis labios.
Enseguida me echó tres chorros de leche espesa y caliente.
Pero sabés cuál es el problema?Y chupé y lamí y me ahogué no sé cuantas veces, hasta que en un momento, me soltó y no me volvió a agarrar.Me puse pálida Cómo podía ser?Yo era suya y punto, me podía meter lo que quisiera y si yo putas localizador no sabía que era, mejor.Primero te meto la punta del dedo, bien, bien empapada en vaselina, así ves?Con cada embestida yo gemía.Gemía y gritaba ni me acordé de los vecinos, no me importaba nada.Bueno yo siempre me lleve muy bien con el y siempre fuimos muy buenos amigos.No sé cuanto estuve colgada mirando la pantalla de la notebook hasta que me sacó del trance el repicar del teléfono.Había velludas putas discutido con Germán, creí que habíamos terminado.


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