El mundo no aparece ya como creación buena de Dios, sino como el resultado eficaz de la acción técnica del hombre.
Se impone revisar, para purificar, el lenguaje antropomórfico acerca de Dios.
Profesor de la universidad de Siracusa, en Nueva York, publicó en 1960 un libro que throughput sería fundamental para entender esta línea de pensamiento: The Death of God (La muerte de Dios).El pasado domingo, los hermanos Daniel, Jack y Matthew Aplin buscaban una buena ubicación para bucear cerca de la ciudad de Wellington (Nueva Zelanda cuando se encontraron con un gigantesco calamar).Paradójicamente, este fenómeno, cuyos amargos frutos recogemos en nuestros días, tiene su raíz última en el propio cristianismo, pues es la fe bíblica la que primero conduce a una autonomía siempre mayor del hombre y del mundo, a través de la desacralización de la naturaleza.Pero no es negando este proceso de secularización como se puede recuperar la importancia del Evangelio.En efecto, en nuestros días, el cristianismo es una voz insignificante para la mayoría de los ciudadanos.Dios queda reducido a una realidad accesoria.



En él critica la religiosidad de la posguerra y el cristianismo de occidente: se trata de una cultura inmanentista, en la que se busca, por encima de todo, el confort y saciar las necesidades más inmediatas, muestra inconfundible de su profunda secularización.
El Dios vivo de la Biblia parece haber muerto en nuestra cultura, y no por un ataque eficaz del ateísmo sino por la debilidad religiosa de los cristianos.
Dios ha muerto para una cultura en la que su voz no tiene nada importante que decir.Solo que este proceso de secularización ha ido por mal camino y ha desembocado en esta situación de ruptura y oposición.Un hombre emerge, en este contexto, lejos del hombre de la Biblia, entregado por completo al mito del progreso y a la bondad de la evolución.Se impone actualizar el mismo cristianismo, a pesar de la resistencia de numerosas estructuras suyas ya anquilosadas.A pesar de todo, Vahanian descubre tras estos síntomas una profunda inquietud y búsqueda de Dios.Los mejores profesionales, la tecnología más avanzada, investigación, formación y un modelo común de gestión aseguran el compromiso del grupo por la calidad de nuestros servicios para todos los ciudadanos.En el fondo, el cristianismo acepta la autonomía del mundo y reconoce en su compromiso con el mundo el compromiso con Dios.Es decir, que la trascendencia es reemplazada por la inmanencia, y lo sagrado por lo profano.El problema es que, al hacerse de este mundo, el cristianismo termina por perder, piensa Vahanian, el cielo y el mundo, a la vez.


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